contador gratuito
No icon

Península de Barú

Vivir en la península de Barú, Cartagena

En la península de Barú, olvido total, con esa frase resumen los habitantes de Ararca, Santa Ana y Barú, la labor que históricamente ha desempeñado el Distrito en sus corregimientos, los cuales, a pesar de estar enmarcados en uno de los ecosistemas más preciosos y biodiversos del país el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo poseen un nivel de pobreza superior al 96 en sus territorios.

Así lo reveló el más reciente informe sobre calidad de vida de Cartagena Cómo Vamos relativo a la zona insular de Cartagena, la cual está compuesta por la península de Barú y la isla de Tierrabomba.

En estos territorios, conformados por siete corregimientos (tres en Barú y cuatro en Tierrabomba), los niveles de miseria, superan el 55, lo que representa una amplia diferencia con el nivel de pobreza extrema general de Cartagena, que según los últimos datos de CCV está en 25.9. Hasta hace unos pocos años, la única forma de llegar hasta Barú era por vía marítima: algunos lo hacían a través de embarcaciones, mientras que otros transportaban sus vehículos en el ferry que se encargaba de cruzarlos por el canal del Dique. En ese entonces, por todo lo que implicaba, Playa Blanca era un destino paradisíaco al que pocos se daban el lujo de llegar.

Aún lo sigue siendo. Sin embargo la inauguración del puente que en 2014 conectó a ambos territorios, propició una llegada masiva de turistas y visitantes que desbordaron la capacidad del balneario y que ahora lo tienen el ojo del huracán por parte de las autoridades y de las entidades ambientales por cuenta del desorden que hay en la playa.

Pero más allá de eso, la península contempla otros tres territorios que quizá, ante el brillo de un destino como Playa Blanca, han estado históricamente opacados en torno a la inversión que se realiza en ellos para propiciar su calidad de vida. Este es el caso de Barú, Ararca y Santa Ana, tres poblaciones en las que los servicios públicos son intermitentes, la salud es una incertidumbre y la educación es deficiente.

Paradójicamente, vivir en uno de estos tres corregimientos que representan a la zona rural de Cartagena, puede resultar igualmente costoso que vivir en un barrio estrato 6 de la ciudad, aspectos tan básicos como el pago de los servicios públicos y la movilidad lo demuestran.

Por ejemplo, para Naida Pérez, habitante del corregimiento de Barú, única de las poblaciones de la península que no cuenta con servicio de acueducto, el invertir entre 5 mil y 10 mil pesos diarios en galones de agua para sostener su hogar representa un golpe para su bolsillo, donde al mes, es posible que se gaste hasta 300 mil pesos en este servicio.

Esto sumado a los altos costos de la luz que a pesar de ser intermitente, porque se va sin aviso cada tanto, le llega por valores superiores a los 80 mil pesos.

Sin embargo la gran carencia que tienen en Barú, para Naida, es la que tiene que ver con la ausencia de un centro de salud, el cual les obliga a salir del pueblo cada vez que tienen alguna dolencia. “El agua al menos la traen, cara pero se consigue. Pero aquí no hay clínica, centro de salud, médico ni nada. Toca coger para Cartagena, y para allá son 30 mil ida y vuelta”, afirma. Esto sin tener la certeza de que toque pasar varios días en la ciudad para tratar la enfermedad.

En un panorama bastante desalentador, las instituciones educativas de cada de uno de los corregimientos: la I.E de Santa Ana, la I.E de Ararca y la I.E. Luis Felipe Cabrera de Barú, presentaron los niveles más bajos de desempeño en las Pruebas Saber 11°, ubicándose en la categoría D.

De hecho, en lo que corresponde a la I.E de Ararca, esta presentó el puntaje más bajo en 2018 en comparación a las demás instituciones educativas de Cartagena y Bolívar tanto oficiales como privadas, evidenciando nuevamente la gran brecha que existe entre la educación en la zona rural y urbana de Cartagena.

 

Comment As:

Comment (0)