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Salud

COVID-19, salud mental en niños y adolescentes

Muchos problemas de salud mental comienzan a manifestarse al final de la infancia o al inicio de la adolescencia, en un contexto normal. Cifras anteriores a la pandemia reflejan que en el mundo entre 10 y 15 niños, niñas y adolescentes de cada 100, presentan problemas o trastornos mentales. Anivel global los trastornos mentales representan el 16 por ciento de la carga mundial de enfermedades y lesiones en las personas de edades comprendidas entre 10 y 19 años. Tanto es la afectación en poblaciones menores que la mitad de las alteraciones mentales comienzan a los 14 años o antes, teniendo como riesgo latente que en la mayoría de los casos no se detectan ni mucho menos se le da un tratamiento.

Por estos meses poco se ha advertido a las familias sobre la implicación que tiene sobre la salud mental de los menores de edad todo el panorama que enmarca la pandemia actual. Las extensas cuarentenas, el miedo al contagio, ataques de pánico, ansiedad y la depresión son unas de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre niños, niñas y adolescentes a nivel mundial en este 2020.

El impacto del COVID-19 sobre el estado mental de los niños y adolescentes no es un patrón homogéneo, este depende siempre de múltiples factores a los que ellos están expuestos. Sin embargo, cualquiera puede manifestar transitoriamente síntomas de ansiedad o depresión como consecuencia de la crisis sanitaria.

“Dichos síntomas muchas veces se pueden entender como una respuesta común y ajustada a los cambios sufridos. Durante este 2020 un gran porcentaje de esta población ha tenido reacciones emocionales de intensidad variable como tristeza, insomnio, angustia, o nerviosismo, pero en términos generales sin mayores implicaciones para su esfera mental a futuro. Sin embargo, si es probable que un pequeño grupo sea más proclive a presentar problemas o trastornos mentales propiamente dichos, principalmente trastorno de estrés post trauma. Asimismo, existe en la contigencia un riesgo de aumento de violencia física, psicológica y sexual en esta población, que tiene como epicentro el hogar, por estar en convivencia con los agresores; los cuales no se identifican fácilmente desde los servicios de salud”, afirma el Doctor Luis Correa sub-gerente científico de la Clínica Remy.

Es por eso que la gran meta de prevención es crear un ambiente en el cual los niños no sean expuestos a factores de riesgo, y es que se ha podido demostrar que las intervenciones tempranas pueden prevenir o reducir la probabilidad de discapacidad a largo plazo, según profesionales de la salud.

Otros factores de riesgo que se suman a esta problemática ha sido el incremento de la inactividad física y el desarrollo de malos hábitos alimenticios que han conllevado a la aparición o aumento de sobrepeso y obesidad dadas las restricciones de la movilidad. Asi que es crucial que durante el confinamiento el cuidado de la salud mental y física sea un punto prioritario para la salud pública, y aunque de alguna manera las niñas y niños tienen más capacidad de adaptarse a los cambios, esta facultad no los protege de forma definitiva sobre la presencia de reacciones emocionales adversas por la situación individual, la pérdida de la socialización con pares y la participación en otros entornos.

 

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