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En el equipo del presidente creen que los contratiempos han fortalecido su propósito

Sánchez confía en resistir hasta otoño del 2019, pero admite que no será fácil

Ni mucho menos ha sido esta última la peor semana de los apenas cinco meses de mandato de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España, aseguran sus colaboradores más próximos.

Y eso que arrancó con el acuerdo judicial con el PP para renovar el órgano de gobierno de los jueces, al que otorgaba tanta importancia, saltando por los aires tras la renuncia de Manuel Marchena a presidir el Tribunal Supremo. Siguió con el propio Sánchez admitiendo que sin presupuestos no podrá agotar la legislatura; su socio preferente, Pablo Iglesias, reclamando el adelanto electoral; el reproche de las instituciones comunitarias a un proyecto de cuentas públicas que probablemente ni se llegará a aprobar, y con ERC permitiendo la reprobación en el Congreso de la ministra de Justicia, Dolores Delgado. Culminó la semana con una durísima negociación sobre un acuerdo del Brexit y Gibraltar que se ha saldado con una victoria diplomática para España y para el propio Sánchez.

“En absoluto, ha habido semanas mucho peores”, admiten sus colaboradores. De hecho, aseguran que todos estos problemas no han hecho mella en el presidente del Gobierno, que sigue a su juicio muy dispuesto a intentar mantener viva la legislatura hasta el otoño del 2019. Si puede. Y aunque tenga todo el viento en contra. Otra cosa es que lo consiga. Pero es su propósito. Y los que le conocen bien recuerdan que tiene “una capacidad de resistencia acreditada”. Ya lo demostró cuando el PSOE le defenestró y él logró regresar y tomar el mando.

Sánchez reiteró su propósito de resistir el pasado viernes desde La Habana, en un primer viaje a la isla caribeña del que volvió muy satisfecho a Madrid, y tras el que ahora quiere que los Reyes visiten por vez primera Cuba dentro de un año, en noviembre del 2019. “El Gobierno está gobernando y va a seguir gobernando. Que todo el mundo se tome su tiempo porque va a haber unos meses por delante, bastantes meses”, aseguró Sánchez ante un Pablo Iglesias que toca ya los tambores de guerra ante un adelanto electoral. “Se puede tomar su tiempo”, insistió en replicar Sánchez al líder de Podemos, casi con mal humor. Aunque no hay ningún choque entre Sánchez e Iglesias, reconocen en su entorno. “Hablan mucho, no hay ningún problema entre ellos”, aseguran.

En este sentido enmarcan sus declaraciones públicas, que a veces parecen agresivas, en la pugna partidista ante un nuevo ciclo electoral que arranca este próximo domingo con la cita con las urnas en Andalucía. “Están en la escenificación electoral”, explican sobre los diálogos públicos que mantienen ambos.

Lo que sí quiere siempre dejar claro el presidente del Gobierno, a Iglesias y a cualquier otro líder político, es que la decisión de convocar las próximas elecciones generales, según su equipo, la tomará de manera “soberana y autónoma, sin condicionantes externos”.

Pese a todos los problemas, y a una legislatura que cada semana parece que va a reventar, el plan de Sánchez sigue siendo resistir y no convocar las generales hasta el otoño del 2019. Pese a que algunos miembros del Gobierno y dirigentes del PSOE apuestan por hacer coincidir las generales con las municipales, autonómicas y europeas del próximo 26 de mayo, o convocar las elecciones antes, en marzo. Aunque estos adelantos cuentan también con la vehemente oposición de los presidentes autonómicos del PSOE que optan a la reelección en mayo y no quieren ningún tipo de “interferencias” que, según temen, les puedan perjudicar.

El carácter de Sánchez tampoco se ha agriado en estos cinco meses de mandato, pese a los disgustos. Muchos ministros han estado en la picota, protagonizando sucesivos escándalos con los que se han cebado el PP y Ciudadanos. Pero los colaboradores de Sánchez aseguran que “el listón” lo puso el caso de Carmen Montón, cuya dimisión como ministra de Sanidad sí afectó al presidente, tanto porque le tenía aprecio personal como porque consideró inevitable su salida del Gobierno. “Esa semana perdimos la inocencia”, rememoran los asesores del presidente. Pero todas las demás polémicas que han salpicado a otros muchos ministros, aseguran, no le han hecho mella. O no lo exterioriza.

Porque otra cuestión es que, a la hora de aplicar las estrategias que define o consulta con muy pocas personas –entre las que siempre suele estar su jefe de gabinete, Iván Redondo–, Sánchez no traslada ni siquiera a su equipo más cercano algunos de los pasos que da o algunas de las declaraciones que, en ocasiones, sorprenden y hasta cogen con el pie cambiado a sus propios ministros. “Ya sabemos que Pedro no es el tipo más comunicativo del mundo”, argumentan. Así que algunos tienen que afinar bien el oído o interpretar algunas señales para adivinar por dónde, de verdad, van los ­tiros.

 

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