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Las principales recomendaciones para un envejecimiento saludable se relacionan con varios factores q

Recomendaciones para envejecer de la forma más saludable posible

Lo ideal es realizar actividad física a diario con un mínimo de 30 minutos, siendo la actividad de moderada a vigorosa; tener una buena alimentación equilibrada, nada mejor que una buena dieta mediterránea; mejorar las relaciones sociales, salir de casa y mantenerse activo; y, cómo no, seguir activo mentalmente con nuevas experiencias, ejercitando la mente, leyendo, recordando, estudiando.

La práctica de actividad física de manera regular ha de incluir actividades aeróbicas y de fortalecimiento muscular. Además, la actividad aeróbica se realizará durante media hora durante cinco días de la semana con una intensidad moderada. A estas actividades se sumarían otras de la vida diaria (cocinar, ir de compras, andar de casa a la oficina, etc.). Este tipo de actividad mejorará la eficacia cardiaca y la capacidad respiratoria.

La importancia de tener un propósito e intereses en la vida

“Tener un propósito o estar motivado es lo que mueve a las personas en su día a día, genera sinergias positivas en todos los aspectos, ya sean físicos, psíquicos y sociales. Todo ello mejora, además, la percepción que tenemos sobre la calidad de vida, ya que esta motivación, siempre y cuando sea interna (propia de cada persona), influye directamente en la mejora de esta calidad de vida. A mayor percepción subjetiva de calidad de vida mejor será nuestra sensación en la vida diaria”, considera el profesor.

Mantener las relaciones sociales

Asimismo, está demostrado que las relaciones sociales son claves para todas las etapas de la vida desde la infancia hasta la vejez,  jugando un papel importante y vital. Las relaciones nos hacen sentirnos mejor con nosotros mismos, sentirnos útiles y activos y esto va generar innumerables beneficios a la persona en todas las facetas de su vida. 

Alimentación, hidratación y ejercicio físico

El papel de la alimentación, la hidratación y el ejercicio es clave en el envejecimiento saludable. Todos y cada uno de ellos ayudan y la interrelación de los tres elementos se puede considerar como uno de los factores principales para tener una vejez más saludable.

Están más que demostrados los beneficios que tiene realizar ejercicio físico de forma saludable. Ser activo físicamente mejora todos los aspectos sociales, físicos y psicológicos que se relacionan con la persona. Ejecutado de forma regular, es una estrategia que permite el envejecimiento saludable y mejora la calidad de vida en los adultos mayores. “El ejercicio físico adaptado al mayor mantiene y mejora su función musculo-esquelética, tiene beneficios cardiovasculares, mejora el metabolismo, el sistema inmune y la función cognitiva; previene la diabetes tipo 2, la osteoporosis y ciertos tipos de cáncer; sin olvidar los beneficios psicosociales y la mejora de la autoestima, la ansiedad y la depresión que tiene la actividad física sobre el mayor”.

La alimentación equilibrada unida a la hidratación va a permitir que las principales funciones del cuerpo estén en buen estado. Si no prestamos atención a llevar una alimentación mediterránea, por ejemplo, nos faltarán los nutrientes básicos para ayudar a las funciones vitales del organismo.

Ejercitar también la memoria

La memoria, al igual que otras funciones de nuestro cuerpo, necesita ser ejercitada. Nadie duda ya de que el aprendizaje se desarrolla a lo largo de toda la vida y este concepto retrasa los posibles efectos propios de la vejez como la demencia. Si, además de ello, la unimos a la realización de actividad física de forma regular, incrementa y conserva las funciones cognitivas del mayor, la estabilidad emocional, la memoria, la asertividad, etcétera.

Indicaciones que realizó el Consejo Superior de Deportes sobre el envejecimiento activo en las personas mayores:

-Que mantengan el máximo posible de actividad física.

-Que salgan cada día a pasear para hacer sus gestiones y encontrarse con familiares y amigos.

- Que realicen la práctica regular de ejercicio físico como hábito saludable. Llevarlo a cabo de manera autónoma o en actividades dirigidas, en casa o en espacios públicos (cerrados o abiertos), según las posibilidades y preferencias personales.

 

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